Año tras año aparecen a la venta un número cada vez más importante de las denominadas comúnmente “máquinas de musculación”. Se observa una verdadera competencia entre empresas decididas a invadir el mercado con diseños de avanzada, donde principalmente la estética se presenta como la que define la estrategia para que las mismas sean consumidas por los potenciales compradores para las salas de sus gimnasios.

En otras palabras, se las intenta incorporar al mercado por su aspecto más que por su efectiva utilidad para aquello que se supone puede ser eficaz. Un análisis biomecánico de muchas de ellas las muestra incluso hasta inconvenientes porque obligan a adoptar posiciones antinaturales, con los ejes de movimiento muy lejos del centro del eje articular con el que debiera coincidir para ser verdaderamente efectiva. De todas maneras el problema más importante no está muchas veces en las máquinas sino en privilegiar el uso de ellas antes que utilizar el propio cuerpo. Aclaremos este punto, pues.

Sin dudas que en el trabajo diario de musculación en los gimnasios en general se está utilizando las diferentes máquinas de fuerza. Pero la realidad de la vida cotidiana nos obliga a reflexionar un poco más sobre hasta dónde realmente ellas cumplen con el gran objetivo de favorecer nuestra calidad de vida del día a día con su utilización. Y ni hablar desde el deporte mismo. Y digo esto porque curiosamente la inmensa mayoría de las máquinas tienen una característica que las destaca por igual, esto es, ellas localizan el trabajo por articulaciones y grupo muscular.

Así, encontraremos la máquina para trabajar hombros (o sea la articulación de ese sector corporal y el grupo muscular que la activa), otra para trabajar bíceps, una más para trabajar la musculatura dorsal, los pectorales, y así sucesivamente. Y algo más, en todos los casos la persona ejercita estos grupos artro-musculares “sentado”, pero en la vida diaria generalmente los elementos pesados son desplazados a partir de la posición de pie.

Desde hace unos pocos años se está poniendo énfasis en un modelo de trabajo denominado “Wiit entrenamiento de fuerza funcional”. Sin el ánimo de ser demasiado extenso en este punto (el que incluso es controversial porque hay diferentes posturas al respecto), se torna imperativo aclarar que básicamente este refiere a la ejecución de ejercicios que imiten las posiciones, movimientos, desplazamientos y situaciones naturales propias de la vida cotidiana y/o del deporte, etc.

En verdad, si analizamos como son nuestros esfuerzos, desplazamientos o movimientos de elementos pesados en nuestro día a día, llegamos a una simple conclusión: la inmensa mayoría de ellos se hacen en posición de pie, con alguna inclinación al frente o a los lados, con una cierta flexión de piernas, etc, etc. Y es justamente esto lo que las máquinas de fuerza no ejercitan. Todas ellas obligan a sentarse a la persona y luego le individualizan un grupo artro-muscular al que finalmente se lo entrena. Lo curioso y por demás llamativo que invita a la reflexión, es que estas máquinas son inhibidoras de la mayoría de los restantes grupos articulares y musculares mientras realizamos el ejercicio. Quiero decir que ellas activan un grupo muy reducido de músculos e inactivan a la mayoría.

Y es justamente esto lo que está funcionando “contra natura”. Nuestra actividad cotidiana, sea cual fuere, siempre nos obliga a hacer participar músculos agonistas (los que ejecutan la acción), sinergistas (los que colaboran con los agonistas para estabilizarnos o mejorar la posición corporal o colaborar secundariamente con el gesto) y los antagonistas (que se oponen débilmente a la acción de los agonistas para que el movimiento sea controlado).

Los pesos libres representan elementos que nos permiten de una manera fácil y sencilla imitar los movimientos propios del día a día y no ofrecen ningún riesgo para la salud en la medida que sea enseñado debidamente el gesto. Y esta metodología pareciera ser tanto más útil en las edades opuestas de la vida, ya que durante la infancia y la vejez la falta de fuerza y equilibrio son dos capacidades físicas que se encuentran significativamente deprimidas para el diario hacer.

Escrito por Jorge Roig