Una de las creencias que más afianzada está dentro del mundo del trabajo aerobicos y de la medicina, es que la mejor actividad para perder tejido graso es aquella clasificada como de tipo aeróbico. Quizás como consecuencia del auge que tuvo esta actividad a fines de la década del 60 en los EEUU con el Dr. Kenneth Cooper, asociado a la cantidad de beneficios sobre la salud cardiovascular que la misma mostró, millones de personas en el mundo se volcaron a esta tipo de ejercicio, ya sea bajo la forma de corridas, como andar en bicicleta, caminar durante tiempo prolongado.

A pesar de todo lo anterior y de la inmensa cantidad de investigaciones que afirmaban (y aun lo hacen) que la mejor elección para adelgazar era todo tipo de ejercicios de baja intensidad y larga duración, muchos trabajos científicos fueron mostrando que, paralelamente a la pérdida de grasa, algo no deseable también se estaba eliminando con este modelo de ejercicios, la masa muscular. Este fue un impacto muy duro para los defensores de los trabajos aeróbicos, incluidos muy especialmente no pocos profesionales del área de las ciencias médicas, y la causa principal no era solo en que se estaba contraindicando muchas veces este tipo de ejercicios para el objetivo de enmagrecimiento, sino que además se lo está clasificando como inconveniente para esa población cada vez más numerosa que padece de pérdida de masa ósea también.

Como sabemos, el avance de la edad es en sí misma causal de pérdida de hueso, sea bajo la forma relativamente leve a moderada (osteopenia) o severa (osteoporosis). Todos aquellos ejercicios de tipo aeróbicos que no tienen micro-impacto articular (natación, remo, bicicleta, entre otros), que no nos obligan a “luchar contra la gravedad” o los que no generan una tracción importante sobre los huesos, son ineficaces (y mal indicados, eventualmente) para la preservación de la masa ósea. Y esto se agraba porque la tracción deberá ser hecha sobre la zona donde efectivamente la perdida de tejido óseo existe. El calcio se direcciona exáctamente hacia la región de hueso que está sufriendo un estrés repetitivo durante el ejercicio, no hacia cualquier sitio.

Mal puede esperarse entonces que se deposite calcio en una columna lumbar osteopénica cuando se ejercita en bicicleta! De allí que algunas formas de actividad aeróbica podrían no solo no evitar dicho problema sino también agravarlo, sea porque no tienen impacto, sea porque no hay importante contracción muscular o porque incluso pueden potenciar la pérdida de de hueso.
Como es de imaginar, las personas con exceso de peso graso debieran realizar primeramente un importante entrenamiento de fuerza con el objetivo de aumentar su masa muscular, ya que de esa manera transportará mejor su propio peso en las actividades cotidianas, podrá realizar por ello más actividad física con menos fatiga, incrementará el uso de grasas en reposo, y además, controlará la pérdida de tejido óseo.

Es por ello que si algo debiéramos evitar, justamente, es que ese tejido muscular se siga eliminando con las famosas “prolongadas caminatas” que, aún pudiendo generar algún tipo de beneficios al sistema cardiocirculatorio (muy discutible también por cierto), agudizan más la pérdida de músculo.

Y claro está, que tampoco va cualquier actividad aeróbica, porque como lo expresé al principio, ciertos ejercicios de este tipo acaban favoreciendo la pérdida de tejido óseo.

Fuente: Profesor Jorge Roig